La universidad ha muerto, larga vida a la educación que sí sabe abrazar

Sentada aquí en mi estudio, rodeada de cables, frecuencias y ese silencio que solo consigo cuando busco la nota perfecta para una producción, me quedé dándole vueltas a lo que acaba de soltar Jasson Alberto de la Rosa Isaza. No es cualquier cosa. El rector de la IU Digital de Antioquia puso el dedo en la llaga con una frase que debería retumbar en todos los auditorios del país: «la universidad no puede seguir enseñando como si el mundo no hubiera cambiado». Y tiene toda la razón. A veces siento que el sistema educativo es como un viejo disco de vinilo rayado, repitiendo la misma melodía mientras el resto del mundo ya está experimentando con sonidos que ni siquiera alcanzamos a imaginar.

Lo que viví en la presentación del Plan Institucional no fue el típico discurso burocrático de cifras y proyecciones vacías. Fue, en esencia, un manifiesto de supervivencia humana. Porque aceptémoslo, de nada sirve llenar el aula —sea física o virtual— de inteligencia artificial y herramientas de última generación si el contenido sigue desconectado de la piel de la gente. La IU Digital parece haber entendido que su verdadero poder no está en los servidores, sino en lo que ellos llaman «Digitalidad Próxima». Es un concepto potente porque rompe esa frialdad de la pantalla y nos recuerda que, detrás de cada estudiante que se conecta desde un rincón apartado de nuestra Antioquia, hay una vida real: una mujer trabajadora, un padre que busca un futuro o una joven con una trayectoria que no encaja en los moldes tradicionales.

Es fascinante ver cómo una institución que en 2019 era apenas un proyecto con menos de 300 valientes, hoy es un gigante de más de 13.000 almas en este 2026. Pero el crecimiento no puede ser solo numérico. Jasson de la Rosa habla de «crecer en el sentido», y ahí es donde la cosa se pone interesante para quienes creamos contenido con propósito. Mirar hacia el 2030, e incluso al 2050, requiere dejar de obsesionarse con los títulos de pared para enfocarse en las capacidades para la vida. El pensamiento crítico y la creatividad son hoy más urgentes que saberse de memoria una fórmula que cualquier buscador te resuelve en un segundo. La universidad tiene que ser ese puente que conecte el aprendizaje con el territorio, con lo humano y con ese mundo que gira a una velocidad que marea.

Navegar con sentido. Esa es la consigna que se respira en los pasillos digitales de esta institución. No se trata de lanzar náufragos al mar de la información, sino de darles una brújula humana. En estos próximos cuatro años, el reto es mayúsculo: lograr que la educación sea un acto de presencia constante, sin importar la distancia geográfica. Al final del día, lo que la IU Digital está intentando —y lo que yo defiendo desde mi propia cabina de audio— es reconciliar la técnica con la existencia. Porque si la educación no te sirve para vivir, trabajar y participar conscientemente en tu sociedad, entonces es solo ruido de fondo. Y aquí, en la vida misma, lo único que importa es que el mensaje llegue claro, con alma y con un propósito que transforme.